REFLEXIÓN DESPUÉS DEL 13/10/2018

October 15, 2018

 

 

La defunción de arte. Morille. Salamanca ."El arte ha muerto, y esta muerte no es la autoasumida que proponían las vanguardias: el pop art, el minimalismo y el conceptualismo. Esta muerte es una muerte menos digna, degenerativa, y tiene que ver con la indistinción del arte con los modos de vida contemporánea". Estas contundentes palabras del más grande teórico del arte y la cultura visual que haya tenido este país, José Luis Brea, se convirtieron -nunca mejor dicho- , en lapidarias con motivo de los actos de defunción de arte que se celebró el pasado sábado en Morille. El proyecto defunción de arte, es una iniciativa de Olga Isla (Take Away Process) que dirige y coordina conjuntamente con Laura Glez. Villanueva (Take Away Process) y la artista multidisciplinar Mimi Ripoll. Ellas han hecho realidad este interesante proyecto que reunió a un numeroso grupo de gentes del mundo de las artes visuales, así como a vecinos de la atractiva localidad salmantina de Morille. La finalidad: enterrar las cenizas de obras de arte que previamente se habían incinerado en el Peñón del Cuervo, de Málaga, el pasado 23 de junio. Brea pronunció esas palabras en febrero de 2008 durante la celebración del II Simposio Internacional de Estudios Visuales, en Nueva León, México, y cobran toda su actualidad al intentar matar el arte, porque lo que está ocurriendo en Morille es hacer arte negando al arte.

 

 

 

                                            fotografía: Dora Román

 

Domingo Sánchez Blanco y Javier Utray (ya desaparecido), fueron los promotores de este cementerio que han convertido el paseo a campo y cielo abierto en un sin igual museo-mausoleo. Aquí podemos encontrar los monolitos y/o columbario de las obras enterradas de artistas como Juan Hidalgo, Bernadí Roig, Isidoro Valcárcel Medina, Javier Utray, Jorge Galán, Quico Rivas o Alberto Greco. Manuel Ambrosio Sánchez Sánchez, que lleva 15 años como edil de la villa ha facilitado todos los recursos para esta realidad que ha puesto a Morille en el mapa del arte contemporáneo. Un espacio y momento que como gran parte de las vanguardias del pasado siglo quiere anunciar la muerte del arte y no consigue más que el efecto contrario.

 

 

Esta última defunción de arte al contrario que en el pasado no es un supuesto filosófico, ni siquiera una pose intelectual, sino una realidad tristemente cierta. Se trata igualmente de una muerte silenciosa y silenciada, tanto por las administraciones e instituciones públicas, por no acrecentar aún más los datos negativos de la crisis, sino también por los propios protagonistas -artistas, galeristas, críticos y comisarios- que nunca mejor dicho, por amor al arte intentan sobrevivir en una situación de penuria económica que sólo confiesan cuando ya es irremediable. El cierre de los locales, el abandono de la profesión, etc. El arte contemporáneo español se mantiene en un entorno de pobreza vergonzante, tan inconfesable como patente. Por esta razón, esta forma tan especial de incineración, velatorio y sepelio del arte es una manera creativa, lúdica y un tanto amarga de difundir la situación de un sector económico, social y cultural que necesita ser escuchado. Los derroteros de Morille deben ir más allá de la representación simbólica del desconsuelo de tener que enterrar obras de arte que no han tenido salida en el mercado. Esta singular población tiene en bandeja una oportunidad para la redefinición de la práctica artística, organizando encuentros que tengan aquí su punto inmediato de reflexión y que asegurarían el éxito continuo en el tiempo de esta iniciativa tan fascinante.

 

 

Jesús Cámara

Crítico de arte y comisario de exposiciones

jesuscamara2000@yahoo.es

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